sábado, 4 de junio de 2011

Capacitación en el Caribe Colombiano: conocimiento y experiencia


Hace unas semanas regresé de Colombia tras trece días de trabajo en el Caribe colombiano, por un proyecto de Formación Digital y Anato Caribe. Fue toda una experiencia y tuve la oportunidad de conocer y capacitar a profesionales del sector turístico de los departamentos de Atlántico, Magdalena, Cesar y Guajira, principalmente sobre desarrollo de destinos turísticos y la implantación de clubes de producto.

No cabe duda de que existe mucho potencial de desarrollo turístico en la región, pues cuentan con grandes recursos naturales y culturales, pero sobre todo cuentan con gente amable y con ganas de hacer del turismo un sector fuerte y de peso para su economía.

Tras visitar la capital, Bogotá, y conocer la plaza de Simón Bolivar en pleno 1 de Mayo, subir a Monserrate, pasear por la ciudad y tomar un Juan Valdez, acompañado de Juan Mora, un consultor local que participa en el proyecto de capacitación, viajamos a Barranquilla para arrancar el proyecto.

En Barranquilla nos encontramos con una ciudad activa, moderna y gastronómica. De hecho fue allí donde conocí uno de los restaurantes más auténticos de toda la región, el Tremendo Guandú, perfecto para conocer la gastronomía local: sancochos, guandú, carnes, … Obviamente no todo es gastronomía en la ciudad, la cual presenta grandes dotes para la organización de convenciones y el desarrollo de turismo cultural, pues cuenta con una buena oferta hotelera, infraestructuras para la acogida de eventos y dos recursos importantes como el Museo del Caribe y la Casa del Carnaval (uno de los más importantes del mundo).

Luego viajamos al sur para conocer la histórica ciudad colonial de Cartagena de Indias y estudiar su potencial emisor hacia los destinos vecinos de Barranquilla, Santa Marta, Rioacha y Valledupar, sedes de nuestro proyecto.

Tras una jornada en Cartagena, donde además paseamos por la ciudad amurallada, hicimos unas compras y conocimos el Hotel Santa Clara, subimos hacia la ciudad de Santa Marta, capital del Magdalena. Esta ciudad es una de las puertas de entrada a la Sierra Nevada, enorme elevación de más de 5700 metros a tan solo unos kilómetros del Caribe. Hablar de Santa Marta es hablar de contrastes, pues podemos encontrar playa, nieve, culturas indígenas, reservas naturales,… en apenas unos kilómetros. Esta ciudad está recibiendo bastante inversión hotelera y se prepara para consolidar su posición de distrito turístico, tras el nuevo posicionamiento de Colombia en los mercados emisores internacionales. En la ciudad podemos destacar cuatro zonas, el casco histórico, lleno de bares, comercio y tradición; el Rodadero, playa, músicos vallenatos y cultura local; Taganga, referencia para los “Mochileros” y los amantes del buceo (Recomiendo comer en Casa Felipe) y por último zonas residenciales y de expansión hotelera como Pozos Colorados, zona franca llena de apartamentos y hoteles con acceso directo a la playa.

No os podéis perder a los Vallenatos por la noche en el malecón, la gente se sienta en la playa y los contrata para que toquen algunas canciones a demanda.

Antes de viajar al norte rumbo a Riohacha (Guajira), visitamos la cristalina playa del muerto en Neguanje, rodeada de la exuberante naturaleza del Parque Nacional de Tayrona.

No os podéis perder los aguacates de “El Señor de los Aguacates”, todo un personaje que os hará reir.
También tuvimos ocasión de hacer ecoturismo y nos alojamos en Villa Miriam, una finca que te ofrece una auténtica inmersión en la naturaleza, a través de cabañas rodeadas de enormes árboles, decenas de especies de flores autóctonas de deslumbrante belleza y senderos para pasear. Esta finca está atravesada por un río que desciende de la Sierra Nevada y que permite el baño. Tiene un servicio personalizado y familiar, en nuestro caso particularmente, pues además coincidió que era el día de la madre en Colombia.

Con las pilas cargadas del fin de semana, llegamos a Riohacha capital y “hub” de la Guajira. Esta ciudad es un enclave fundamental para el sector energético colombiano, pues es el principal distribuidor de gas del país.
Este departamento, cuna de étnias como los Wayuu, posee territorios que recogen lo mejor del desierto, el mar y la montaña (también puerta a Sierra Nevada) ofreciendo múltiples opciones de ocio y aventura. En nuestro viaje, tuvimos la oportunidad de vivir dos experiencias, la primera de ellas fue visitar el Remanso del Santuario, en la Reserva de Camarones. Allí de la mano de Juan Mejía, tuvimos la suerte de probar la gastronomía local y disfrutar de la paz y belleza de ese rincón casi desconocido para los turistas internacionales. La segunda y no menos auténtica fue conocer una tribu Wuayuu en una de sus Rancherías. Fuimos acogidos con una enorme hospitalidad y además de darnos a conocer su gastronomía y costumbres, nos deleitaron con unos bailes típicos en los que incluso tomamos parte.

No os podéis perder la experiencia de tumbaros a descansar unos minutos en un chinchorro y por supuesto probar el chivo, plato fundamental en la gastronomía Wuayuu.

Sin duda este viaje ha sido una gran experiencia, ya que me ha permitido compartir mis conocimientos con gente que tiene ganas de hacer cosas nuevas y conocer de cerca con ellos algunos de los rincones más bonitos del Caribe colombiano.

Lástima que al final no pudiéramos cuadrar el viaje para conocer Valledupar. Me hubiera encantado conocer el Cesar de la mano de algunos de los profesionales que participaron en el curso y que nos invitaron a pasar por allí para mostrarnos los encantos de esta zona.

Espero volver a Colombia (primer destino Valledupar) y seguir conociendo sus gentes, su gastronomía y contribuir al desarrollo del sector turístico.

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